Las características de gestión que exhiben las
empresas venezolanas en la actualidad se deben
fundamentalmente a factores condicionantes del
entorno donde éstas se han desarrollado.
Hacia finales del siglo XIX, la economía
venezolana dependía básicamente de la producción
agrícola de rubros como café y cacao, principalmente.
En general, los principales productos agrícolas de
exportación seguían siendo los mismos desde la época
de la independencia. De modo que los
establecimientos de explotación y comercialización
de la producción agrícola, lógicamente mostraban
características estructurales y de funcionamiento
relacionadas con esta actividad.
A comienzos del siglo XX la estructura
económica de Venezuela cambia considerablemente
con el auge de la explotación petrolera, la cual
desplaza a la producción agrícola.
Debido a ello, también cambia la estructura y
funcionamiento de los establecimientos industriales
y comerciales de Venezuela, y comienza a perfilarse
el modelo de empresa venezolana que predomina
hoy, con la incursión de empresarios nacionales y
de origen extranjero, los cuales conforman grupos
económicos que en la actualidad, son los más
importantes del país.
A comienzos del siglo XX no se habla de empresas
en el país, sino de casas de comercio, firmas
comerciales y, posteriormente, de compañías... Las
dos principales firmas comerciales especializadas
en la importación y la exportación tenían su
origen en la Casa Boulton y la Casa Blohm,...
que se establecieron y se vincularon al país, por
la vía de negocios o por lazos matrimoniales
con familias criollas, desarrollándose un proceso
de “criollización” de las casas comerciales, el
cual formará parte, posteriormente, del sector
empresarial venezolano.
En esta época, la inversión extrajera se vio
favorecida por las políticas del gobierno de turno,
principalmente orientadas a la explotación petrolera
por la vía de concesiones a compañías extranjeras,
o a particulares venezolanos que actuaban como
testaferros de compañías foráneas.
Pasados los años de inestabilidad política,
regímenes dictatoriales y huelgas sucesivas del
período 1930 a 1960 y una vez situados en la
Venezuela democrática, la política gubernamental de
sustitución de importaciones generó oportunidades
para la operación de grandes y pequeñas empresas
venezolanas, en la medida en que la
empresa nacional podría contar con la participación
en el consumo y el gasto público de la nación.
En ese sentido, "la
política de sustitución de importaciones respondía
a la ideología desarrollista y se convertía en el
verdadero comienzo de la industrialización de
las empresas venezolanas". Sin embargo, las
inversiones extranjeras seguían siendo significativas,
principalmente procedentes de Estados Unidos; país
que, para 1960, concentraba en Venezuela el 25%
del total de los capitales norteamericanos invertidos
en América Latina.
En este contexto, se van perfilando las
características de las empresas venezolanas de la
actualidad, y especialmente, las características de las
empresas familiares, las cuales, desde comienzos del
siglo XX, ya venían presentando rasgos de negocios
familiares. Esto se evidencia, entre otras cosas, en la
costumbre de conservar el apellido del grupo familiar
para denominar a las empresas.
Es importante aclarar que en Venezuela ha tendido
a asociarse el término “grupo económico” con
un reducido grupo de grandes conglomerados
familiares, tales como Vollmer, Mendoza, Boulton,
Cisneros, etc.
En los años ochenta las empresas venezolanas
su estructura y funcionamiento se convierten en
el objeto de estudio de destacados investigadores
particulares y de instituciones dedicadas al estudio
de la gerencia en Venezuela.
En este sentido, se encuentra que en Venezuela,
las relaciones personales han sido un elemento
decisivo en las negociaciones empresariales, pues
la búsqueda de vínculos afectivos y aceptación de
otras personas, ha sido una característica primordial
repetidamente señalada en diversos estudios
sobre la cultura e identidad del venezolano, y en
consecuencia, una característica de las relaciones
empresariales.
Un trabajo que intenta caracterizar a las empresas
privadas venezolanas indica que algunos de los
principales rasgos atribuibles a éstas son: jóvenes,
poco competidas, enigmáticamente rentables,
domésticas (o poco internacionales en su generación
de ingresos), muy diversificadas, insuficientemente
capitalizadas y por lo tanto significativamente
endeudadas, familiares en su estructura de
propiedad y manejo, organizativamente rezagadas,
y poco venezolanas en cuanto al origen de su
tecnología, equipos y productos.
Todo esto constituye una pequeña muestra del
perfil familiar que presentan algunas de las empresas
venezolanas de hoy, aunado a variables políticas,
culturales y económicas que han marcado de forma
definitiva la estructura y funcionamiento del sector
empresarial privado en Venezuela.
Asimismo, el interés por el estudio de las
empresas, y recientemente en forma particular,
el estudio de la Empresa Familiar ha dado como
resultado la publicación de trabajos de investigadores
venezolanos como el de Monteferrante (2006), en el que
argumenta sobre la profesionalización en los negocios
de familia, contrario a la creencia generalizada de que
estos negocios son poco profesionales.
En un escenario como el actual, caracterizado
por la globalización de la producción y de los
intercambios, las ciudades se han convertido
en el espacio ideal para el desarrollo, pues en
ellas se toman decisiones de inversión y se sitúa
la mayor parte de actividades de mercado del
mundo. Por ello, se reconoce que la ciudad es el
espacio idóneo para el desarrollo endógeno. En las
ciudades se conforma un conjunto de relaciones, en
las que las empresas juegan un importante papel.
Especialmente las Empresas Familiares, presentan
una serie de condiciones favorables que propician
el desarrollo de las localidades. Las empresas familiares
merideñas exhiben un conjunto de fortalezas
aprovechables para el desarrollo de la región,
que particularmente presenta potencialidades
difíciles de reunir en otra localidad; la presencia
de la Universidad de Los Andes, junto con un
ambiente propicio para el fomento de la cultura
y las innovaciones tecnológicas hacen de Mérida
un territorio con potencial para el desarrollo. En
ese sentido, la contribución que pueden hacer las
empresas de esta entidad puede estar basada en la
introducción de mejoras en sus prácticas gerenciales
y de gestión, con lo cual facilitarían de forma
significativa su inserción en procesos de cambio
como los que implica el desarrollo local
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