Evidentemente la tecnología y la ciencia ha ocupado y ocupará
un lugar preeminente para el desarrollo de las sociedades. La llamada
Revolución Industrial es fiel reflejo de esta expresión. Sin embargo, el
avance de la tecnología no ocurre por azar, son las fuerzas dominantes
en un determinado contexto histórico las que determinan su curso.
Su importancia es notoria en el ámbito laboral pues influencia en
alto grado las relaciones de trabajo y todo lo que gira en torno a este.
Esto se ha podido constatar con los cambios ocasionados desde
que apareciera la máquina de vapor hasta las nuevas tecnologías, las
que hoy por hoy están revolucionando el mundo del trabajo, a tal punto
que algunos estudiosos han llegado a pronosticar su fin. Lo cierto es
que la flexibilidad del trabajo se ha extendido en el ámbito mundial y
Venezuela no es la excepción, aunque en un grado mucho menor que
otros países.
.
Históricamente siempre ha habido propulsores y detractores frente
a los procesos de transformación, hay quienes ven en los cambios una
amenaza y los que los consideran como una oportunidad; tal vez
paradójicamente el trabajo flexible entrañe ambas cosas, por lo cual no
parece conveniente penalizarlo, tampoco dejarse llevar por las fuerzas
del mercado pues en países como el nuestro puede resultar peor el
remedio que la enfermedad.
Del mismo modo, tratar de satanizar a la tecnología y lo que de
ésta se deriva, no conduce a parte alguna, lo que se precisa más bien
es un estudio que incluya un cambio de paradigma con
impacto en toda la estructura que sustenta a el
trabajo, y medidas a largo plazo con el propósito de proteger los derechos
de los trabajadores, sobre todo, de aquellos que no tienen un empleo
estable, una ocupación específica y una organización determinada.
También urge la transformación de los sindicatos, pues constituyen la
voz de los trabajadores.
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