miércoles, 8 de julio de 2009

El agroturismo en los municipios de la zona Metropolitana de Mérida. Realidad y Posibilidades.

El agroturismo representa una alternativa
posible y atractiva, como estrategia de
desarrollo regional. Si se dispone de recursos
naturales y físicos, el agroturismo los puede
aprovechar positivamente, les agrega nuevos
usos y utiliza la mano de obra existente, de
manera que no compite con las actividades
tradicionales; al mismo tiempo, integra a la
familia rural a esta actividad asignándoles un
nuevo rol. Bajo la concepción europea, en el
agroturismo los jóvenes y las mujeres tienen
un papel determinante, además la familia
participa de la atención a los turistas y en su
mayoría son productores rurales que viven en
la explotación, situación que no se da en la zona.
El agroturismo es una actividad
complementaria que normalmente realizan
el productor agropecuario y su familia para
mejorar o incrementar los ingresos, generar
empleos, por tanto, los proyectos agroturísticos
deben ser gestados y administrados por las
familias propietarias de las fincas, para que el
valor agregado quede en el lugar y se conserven
el patrimonio cultural y la naturaleza, razón
de ser del turismo rural, pero asimismo, la
diversificación debe verse como una alternativa
para mejorar la calidad de vida de los habitantes
de los espacios rurales.
El agroturismo debe concebirse como un
tipo de turismo alternativo o una manera de
hacer turismo, en cierta forma selectiva, dada
las limitaciones que imponen el medio y su
práctica, las regulaciones de uso de las áreas y
las motivaciones de las personas.
El turismo en los espacios rurales permite la
diversificación productiva; crea empleo, ofrece
oportunidad laboral para la mujer y los jóvenes,
revaloriza el patrimonio cultural, el patrimonio
ambiental, el entorno físico y fomenta el arraigo
rural; mejora la calidad de vida de las personas
vinculadas con el medio rural, contribuye al
desarrollo local.
El tiempo invertido en los procesos agrícolas
en la obtención de productos agropecuarios,
produce más resultados positivos para la
sociedad, que no necesariamente son percibidos
por los agricultores: las externalidades del
trabajo agrícola. Igual sucede con el turismo,
ya que el resultado no buscado de un acto
económico o productivo determinado es
conocido como externalidad, de tal manera que,
por ejemplo, un agroturismo localizado en una
zona económicamente desfavorecida, además
de producir los productos que van al mercado
genera empleo para la comunidad; esta es
una externalidad positiva. Por el contrario,
una externalidad negativa se da cuando en
ese mismo agroturismo no se realiza un
tratamiento adecuado de la basura, para generar
contaminación ambiental y por consiguiente
perjudicando a la comunidad. El agroturismo
genera externalidades positivas ambientales,
sociales y culturales; pero también pueden
producir algunas externalidades ambientales
negativas que deben ser tomadas en cuenta
para garantizar el desarrollo sustentable. El
agroturismo requiere áreas naturales para
su expansión turística, áreas que deben ser
gestionadas con responsabilidad, para no
causar impactos negativos en la naturaleza
y en la cultura de las comunidades, ya que el
espacio rural, además de ser el que suministra
los alimentos que se consumen a diario, es un
espacio para la reflexión, el descanso, el aire
puro, las tradiciones y muchos otros patrimonios
que se deben resguardar para las generaciones
futuras.

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