La empresa como unidad socioeconómica
tiene como finalidad el logro de un doble objetivo,
el éxito social y el éxito económico. Para conseguir
estos objetivos, la empresa debe realizar una mezcla
de análisis internos y externos. Desde el punto de
vista interno la capacidad operativa y financiera
deben ser evaluadas cuidadosamente, y desde el
punto de vista externo los mercados y el ambiente
son la prioridad.
La planificación estratégica, y ese concepto
de visión integral de la empresa; no la separa como
algo abstracto desconectado de su entorno, sino que
por el contrario le da prioridad al conocimiento
ampliado de su entorno, y de como se relaciona
la empresa con este, con la finalidad de precisar
principalmente las oportunidades y amenazas en
el entorno, así como las debilidades y fortalezas
de la empresa.
Es precisamente este concepto de planificación,
esa visión estratégica de ver la empresa íntimamente
ligada a su entorno en permanente interacción, la
que ha de estar presente en la fase de formulación de
un proyecto de inversión nuevo, y en su desarrollo.
El aprovechar la metodología de la planificación
estratégica, permite ir construyendo de manera
sistemática y ordenada el concepto de negocio que
mejor se adapte a la situación particular en que se
desenvolverá. Así mismo establece bases confiables
para las decisiones a largo plazo que se deben tomar
en las principales áreas funcionales de un nuevo
negocio como son mercadeo, producción, finanzas,
recursos humanos, entre otros.
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